lunes, 30 de septiembre de 2013

Maratón de Zaragoza 2013 - Crónica, fotos, vídeos y clasificación

Crónica:


Día 29 de Septiembre de 2013, 6:15 AM, suena el despertador. He dormido apenas 3 horas, como de costumbre cuando tengo carreras importantes. Será cosa de los nervios, hoy me toca enfrentarme a mi segunda Maratón. Me levanto y pongo en el portátil de fondo esa lista de reproducción que cada uno tiene para encontrar un extra de motivación, y empiezo a prepararme, hoy es mi gran día. Una vez vestido, desayunado y con la mente bien motivada, me dirijo al Parque Grande, lugar de inicio de la prueba.

Llego y mientras estiro entablo conversación con un veterano que me advierte "La segunda mitad es muy dura, procura ir en un grupo, si te quedas solo estarás jodido". Llega Javier, amigo con el que he preparado la prueba todo el verano y con el que espero ser nuevamente finisher. Compartimos objetivo, ir juntos con la liebre de 3h:15'. Calentamos un poco y nos dirigimos a la linea de salida, localizando ya a nuestra liebre para seguirla de cerca.

El speaker empieza la cuenta atrás. Le doy la mano a Javier y nuestras miradas lo dicen todo, queremos vernos en la meta. Tensión, rostros concentrados, pensamientos indescifrables y miradas al horizonte esperando el inicio.
8:30 AM, comienza la prueba, 42.195 metros por delante. Me meto en el grupo que va dirigido por la liebre de 3h:15', somos unas 50 personas, una piña que permanecerá unida los primeros 15km. El ritmo que marca la liebre es más elevado del que debería, así lo avisa un hombre que nos acompaña al grupo en bici, y esto hace que se noten los nervios dentro del grupo. Hay mucha humedad, estoy sudando más de lo normal, y nos dan agua cada 5 km, insuficiente. Se respira la solidaridad dentro del grupo, ofreciéndonos agua los unos a los otros y avisándonos cuando por el camino encontramos charcos, conos, u otros obstáculos.

Km15, empiezan a descolgarse los primeros corredores. Una chica que iba en el grupo se para a andar, le miro, me mira, y le digo: "yo voy más muerto que tú, no te pares", me sonríe, continuo.
Pasamos por el km16 y mis piernas parecen alertar a mi cabeza: "afloja, estamos sufriendo", y veo como soy la cola del grupo y se me alejan. En ese momento, el hombre que nos acompañaba en bici me busca y se pone a mi lado, me dice: "No te quedes solo, apreta y métete con ellos, venga campeón". Eso me pone la piel de gallina y mis piernas aceleran solas, enganchándome de nuevo al grupo.
Km19, y mis piernas parecen negarse a seguir con ese ritmo, ya empiezo a notar el castigo por la deshidratación. Dejo que el grupo se vaya, entre ellos Javier, que sigue metido y le veo fuerte. Les miro por última vez como despidiéndoles y agacho un poco la cabeza. "Aquí empieza tu carrera, Sergio", me digo.

Llego al avituallamiento del km20 y bebo dos vasos de isotónica y una botella de agua entera. Definitivamente, me he deshidratado, y lo pagaré. Paso por la media maratón en 1h:35', una marca excelente si no fuera por las condiciones en las que ya voy. Voy solo, y tal como me advirtió el veterano, es lo peor que me podía pasar.
Empiezan los pensamientos de abandono, pero no puedo permitírmelo. 3 meses de preparación, 50€ de inscripción, mi padre esperándome y sobretodo mi orgullo, así que aprieto los dientes y sigo.
Km24, Basílica del Pilar, mucha gente y entre ellos mi padre, eso me da un extra de energía para los 3km siguientes. Los cuádriceps ya son dos rocas deshidratadas y pido réflex urgentemente.

La carrera se ha convertido en una tortura, me empieza a adelantar gente, voy con la cabeza baja, doy un paso tras otro sin ver el final de este calvario. Me adelanta un hombre ya mayor, me da una palmada en la espalda y me anima a seguir. Una chica en bicicleta se coloca a mi lado y me anima durante unos metros. La gente, viendo mi nombre en el dorsal, me anima con un "venga Sergio". Son esos detalles los que me refuerzan para aunque ya sea a pasos cortos, avanzar. Recuerdo la frase "Cuando no puedas correr trota, cuando no puedas trotar camina, pero nunca te detengas".

La deshidratación empieza a provocarme calambres en las piernas, y más tarde las rampas las sufro hasta en los brazos. No se lo deseo a nadie. Tengo una mezcla de sentimientos brutal, ganas de llorar por lo que estoy sufriendo, gestos de rabia y fuerza porque no quiero abandonar y muchas esperanzas de acabar y colgarme la medalla de finisher.

Km40 y esto ya parece llegar a su fin, pero no, llego al límite de mi cuerpo. Sensaciones que jamás experimenté en mi cuerpo. En un par de ocasiones las piernas me fallan y estoy a poco de irme al suelo. Me dan rampas en los cuádriceps y me detengo a estirar, pero al pararme aún me duele más, así que como puedo, avanzo. Paso por el km41 y nuevamente calambres insoportables que me hacen detenerme. Oigo aplausos y gritos, giro mi cabeza y veo un montón de gente sentada en una terraza de un bar a escasos metros que me anima. Me incorporo, les hago un gesto de agradecimiento y sigo corriendo como puedo.

Quedan apenas 500 metros y veo la meta, oigo la gente y sueño con la medalla. Pero una vez más, mi cuerpo me recuerda que está al límite. Se me sube el gemelo, y me detengo en seco a escasos 50 metros de meta, el dolor es horroroso y rápidamente viene un hombre de la organización a ayudarme. Le agarro del hombro para ponerme en pie y le digo que quiero acabar, estoy viendo la meta y mi cabeza quiere llegar, así que avanzo como puedo, totalmente ido de mi mismo.

Cruzo la meta en 3h:38'  (4 minutos más que mi anterior marca), camino unos metros, me cuelgan la medalla y me dejo ir al suelo, destrozado. Mi amigo Javier, que hacía cola en la zona de masajes, la abandona y viene rápidamente a ayudarme a estirar. Nos felicitamos, lo hemos conseguido.

Por fin puedo decir, que soy nuevamente maratoniano, que mi cabeza es más fuerte se lo que creía, y que soy un hombre muy duro de matar.



Fotos: 

Vídeos:

Clasificación: